Hace tiempo que no posteaba y tenía el blog botado por estar sacando adelante mi ópera prima “A la deriva”. Esto de hacer una película es un camino extraño pero a la vez infinitamente entretenido. Es un estrés constante, por un lado, porque como alguien dijo alguna vez ‘el director de cine es un tipo que responde preguntas todo el día’ y –en este caso particular- eso incluye desde actores hasta auspiciadores. Pero por otro lado, tiene mucho de aquello que decía Cassavetes sobre que “Una película es una investigación sobre la vida, sobre lo que somos (…) ¿Qué buscamos, qué problemas tienes tu que también pueda yo tener? ¿Sobre qué aspectos de la vida queremos tu y yo saber más cosas?”.
¿De eso se trata no? ¿Estaré bien encaminado?

Nada mas desagradable que estar en la mejor parte de la película y escuchar un maldito celular sonando. Hay algunos al que le suena el teléfono en el cine y sí -créalo- contestan. Aquí, un mensaje de Scorsese y AT&T
Parece cliché hablar de los pequeñas que se están haciendo las cámaras digitales y lo increíble que están llegando a ser sus resultados, sin embargo los precios de algunas todavía no son lo bajo que uno esperaría que fueran. Por esto, la siempre positiva combinación escasez-ingenio hizo que varios agarraran sus cámaras fotográficas y empezaran a filmar. ¿Los resultados? Cine digital con óptica del mejor nivel. 
Cuando se adapta del teatro al cine, el resultado tiene grandes posibilidades de convertirse en una buena película. Sin embargo, existe una alta probabilidad de caer en un aspecto determinante, como su lenguaje visual. He visto por casualidad varias películas que provienen del teatro últimamente, que a pesar de ser grandes historias, tienen una deuda importante con la cámara. 
Santos debe ser una de las películas más esperadas del año para quienes seguimos de cerca el cine chileno. Como era de esperarse, el resultado es una rareza, un mejunje
Últimamente he estado empezando a leer ‘Mi vida es una celda’, el último libro de Alberto Fuguet sobre, o mejor dicho, escrito por Andrés Caicedo. La crítica de eso vendrá más adelante, sin embargo, en el googleo previo a la lectura hubo una definición de Caicedo que me quedó dando vueltas. “Sin duda, Caicedo era un blogger, un tipo que necesitaba postear más de una vez al día. Todos aquellos escritores que tuvieron una gran correspondencia o tuvieron diarios son autores que hoy encontraríamos en la red” (
Uno de los varios inventos que pavimentó el camino a la invención del cinematógrafo de Lumiere fue el zootropo, un artefacto que tomaba el principio (o defecto, como leí alguna vez) de la persistencia retiniana y lo utilizaba para hacer mover imagenes, como la de un caballo. Pues bien, aprovechando ese principio, un cineasta experimental llamado Bill Brand de Nueva York creo el Masstransiscope (masa+transporte+zootropo en inglés), siguiendo con su línea de indagar en la reacción del público ante el cine. A estas alturas no es nada nuevo, aquí en Chilito lo vimos alguna vez promocionando una marca de bebidas (creo que en la línea 1, a la altura de estacion U. Católica), lo interesante es como, hasta hoy, el público se maravilla con las imagenes, transformando el metro en un simil del Salon Indien del Grand Café donde los Lumière presentaran años atrás su novedoso invento.

