
Eran otros tiempos: después de almorzar los sábados, venía la hora en que los ‘grandes’ dormían siesta. Los chicos jugabamos a lo que fuera, a veces un improvisado baby fútbol en el segundo piso (despacio, para que no despertaran), otras jugabamos Atari…finalmente prendíamos la tele. Cada semana era un invitado diferente pero siempre, cada vez, Tatú gritaba: ’El avión, el avión’…
Hoy, Ricardo Montalbán, el canoso Señor Roarke, fiel compañero de Tatú, murió.



